Aclarar que las entradas referidas a este libro son simples apuntes durante la lectura.
El sexo en el que están escritas las anotaciones hace referencia a el modo en que están escritas en el libro, así que considero que tanto se pueden interpretar del derecho, como del revés. Es decir que cuando dice ella podría decir él, y al revés.
Hay citas que nos podríamos aplicar nosotros mismos, y otras que están escritas para ser recordadas.
Hay fragmentos que quizás hemos vivido, otros que quizás hemos visto como otros los han vivido o cómo los otros los han sufrido.
Y hay pedazos de texto escritos simplemente para recordar, para avisar o para aprender en el caso que un día sucediesen.
Así remarcar que cada una de las entradas que hace referencia a los puntos clave de cada capítulo, sólo intenta ayudar y resumir lo que en él se contiene.
Con el ánimo de que sirva, de aprender y que aprendamos reflexionando, ahí va una entrega:
LA VIDA EN EL REINO MALDITO
- Ninguno de los dos era feliz con el otro.
- La reina era poderosa y su luz invencible, por lo que ni todos los celos del caballero lograron matarla de hombre emocional, aunque la descolocaron. Pero consiguió recolocarse con la ayuda de un hada especializada en temas de autoestima y dignidad.
- Ella había perdido, en su matrimonio, la dignidad de sentirse y saberse reina.
- Renunció (aunque sólo temporalmente) pero lo hizo, a su rango de reina, sometiéndose para seguir casada con un caballero que aporreaba sus alas, corona y dignidad.
- Llegó un día en que le dejó plantado por ella misma.
- Sólo una mujer que haya perdido la dignidad y la haya recuperado o esté en ello, sabe que sí era para tanto.
- Las excusas para seguir casada con un asno emocional:
“Mi amor le cambiará”.
“No es para tanto”.
Sandeces que atontan la mente y matan de hambre la estima.
- La vida, así, era triste, vacía, distante, políticamente correcta, con grandes broncas y de corazones helados, como puñales envenenados.
- ¿Qué pueden hacer dos que no se aman de verdad y tienen el corazón repleto de miedos, rencores, celos (o al menos uno)?
- Pueden pelearse, discutir, echarse las culpas, huir de la realidad dura, real…
- Él fue al psiquiatra, que le recetó pastillas para la depresión, para su pérdida vital, y comenzó a tomarlas para olvidarse de la reina, del mundo y de sí mismo.
Pero no se olvidó. Se acordó más y de sí mismo. Le dijo a la reina que ella era su enfermedad y que si desaparecía, también lo haría su enfermedad.
- Al principio la reina le ayudó y apoyó a salir de su desconcierto vital, trató de no prestar atención a lo que él decía, lo disculpaba diciendo que estaba enfermo.
El amor que sentía por él todavía era demasiado poderoso y ciego como para dejarla ver que tratando de ayudarle no hacía ningún favor a ninguno de los dos, porque entraba en su juego y porque cavaba su propia tumba vital.
- Ella se había puesto a su lado, negándose el derecho a ser ella misma y quitándose la dignidad para ayudar a un ser que no quería ayuda.
De haberlo querido se hubiera buscado en serio y no se hubiese refugiado en la medicación.
Ella pretendió ayudar a un ser cuyo único objetivo era someterla, arrancándole dignidad y luz para llevarla a su nivel.
Si ella lo hacía, él no tendría que buscarse otra dama (porque otra así de guapa, inteligente, poderosa y elegante, no era fácil de encontrar).
- Él quería que ella siguiese siendo su reina, pero domesticada, para poderla manejar a su antojo y que no le crease problemas.
- Para él, ella era respondona, y todo lo que le hizo enamorarse, se había convertido en motivos envenenados.
- Estas cosas pasan muy a menudo. Sino no habría tantos divorcios ni personas con el corazón envenenado, ni tanto acoso psicológico, matrimonial y laboral.
- Él adoró a la reina por su luz, y creyó que si la amaba también podría poseerla, así que la quiso más que a si mismo.
- Pero como no lo obtuvo, se llenó de maldad y trató de recuperar todo lo que había entregado. Al no obtener una devoción ciega, ni la entrega absoluta, ni que le hicieran sombra, le dio un ataque de venganza.
- La dignidad de una reina es demasiado eterna, demasiado testaruda como para ser acallada. Por eso, a pesar del amor que por él sentía, llegó un momento en que la vida en el castillo era demasiado insufrible como para seguir de aquella manera. Plantó cara al desafío que él había planteado.
- La reina era muy respondona, y no agachaba la cabeza ni se quitaba la corona ni por nada ni por nadie. Aunque fuese sólo por tozudez, se empeñaba en recuperar su dignidad.
- A él le sorprendió no haberla debilitado suficientemente.
Como ella le seguía plantando cara, pidió consejo a sus colegas, quienes le dijeron que tenía que hacer ver a su esposa que debía apoyarle en todo, que le obedeciera fielmente y le propusiera ser madre.
- Lo de hacerla ser madre era para tenerla calmada y entretenida, porque no entendían (ellos) la paternidad como un proyecto común fruto de una relación de pareja madura. Era una moneda de intercambio.
- Ella no entró al trapo, rechazó el chantaje emocional porque los hijos para salvar un matrimonio de la ruina emocional. Era un parche porque “los hijos unen”.
- Los hijos no unen un matrimonio que no está unido, sino que ponen aún más de manifieto si existe o no la unión, la calidad y su estado de salud.
Los hijjos hacen una analítica a la relación, le toman el pulso.
- Suficiente es pasar por el trance de un divorcio, como, para encima, enredar a una criatura inocente en semejante fregado, pensó ella.
- Si en su destino estaba tener hijos, seguro que sería con un rey y no con un mendigo emocional.
- Ella no quería tener motivo obligado para verle una vez divorciados.
- Una dama se divorcia de un caballero para perderle de vista.
- Ella no entendía como había mujeres que seguían relacionándose con su ex después de haber alegado que se divorciaban porque la relación era insufrible, dolorosa e insoportable.
- Porque no sabían terminar una relación. La muerte simbólica les daba pánico. Temían los finales y las rupturas absolutas. Se divorciaban en el papel, pero no en el corazón.
- Miedo a los finales, pánico a los cierres, no saber dejar atrás el pasado.
- Salvar el aprendizaje y la experiencia y dejar lo demás atrás.
- Si en el futuro ambos se vuelven a encontrar, ya veremos si son capaces de crear una nueva relación de amistad o lo que sea.
- Un divorcio es un adiós literal, o debería serlo.
- Ella era sabia, práctica y valiente, pero temía los finales.
- Pero el miedo no es el coraje, y era consecuente. Si se divorciaba era porque la relación con él era inexistente e insostenible, así que no quería volverle a ver nunca más después del divorcio.
- Hay que ser consecuentes con las decisiones, hay que dejar ir al otro o hacerle ir si es necesario.
Cortar todos los vínculos y tener una relación meramente cordial y educada si hay hijos en común. Si no los hay, hay que decir adiós con gracias incluidas por las vivencias y oportunidades de aprendizaje que ha aportado esa persona.
- Hay que divorciarse a todos los niveles y darse la oportunidad de seguir el camino propio.
- La no-desvinculación puede llevar al “no lo he hecho tan mal cuando sigue viéndose conmigo y aceptando regalos…” ¿No podría ser que el que quiso divorciarse no sabía lo que quería y se encaprichó con divorciarse o variar, como quién cambia de coche?
- La siguiente mujer verá que él sigue enganchado a su ex mujer disimuladamente.
No sabe terminar una relación, cerrarla y sanear el corazón emocional se disfraza de “relación cordial”, donde los dos parecen maduros y amigos civilizados después del divorcio.
No se atreven a certificar la defunción de la relación, para evitar enfrentarse al periodo de duelo que sigue a toda muerte, y la incertidumbre de lo nuevo, lo desconocido, el porvenir.
- Cuando una persona no sabe cerrar relaciones acaba por arrastrar un club de personas que le convienen más o menos según la ocasión, así se disimula la ignorancia emocional y la incapacidad para hacer limpieza.
Todo (comprensiblemente) para disimular con nosotros mismos el miedo a la soledad, a alargar la mano y no hallar nadie que nos despiste de nosotros mismos, del dolor que genera haberse perdido.
- Una reina siempre es valiente para hacer limpieza y hacer sitio a otras “sorpresas” mucho mejores que le tiene reservadas el destino.
Una reina ha ido en busca de su yo olvidado y proscrito.
Una reina ha recuperado la conexión con su alma, no reniega de la mujer salvaje que posee, ni exilia sus dones, talentos, valor, coraje, dignidad, compasión…
Se enfrenta al miedo para hallar un camino por el que proseguir la vida por estar viva y sentir el amor correr por sus venas en su vida humana, hermosa, retadora, sorprendente, emocionante.
- El rango de reina se gana latido a latido.